El Bosque Embrujado

05. septiembre 2016 Photography, Writing 0
El Bosque Embrujado

Justo a las afueras del pueblo crece el límite del Bosque Embrujado. Sus altos y oscuros árboles se alzan imponentes como pretendiendo atravesar el cielo; sus troncos rectos y perfectos, negros como el ébano, advierten del mortal peligro que entraña adentrarse en sus profundidades; sin embargo, sus altas copas son mecidas por el viento y danzan hipnóticamente, invitando a quien las observa a adentrarse en su dominio.

Se dice que el Bosque Embrujado conserva intacta la belleza de la creación, pues la maldición que recae sobre él lo ha mantenido protegido de la destrucción propia del ser humano.

Sus troncos negros están cubiertos en su mitad norte por una tupida capa de musgo azulado y de sus copas crecen grandes hojas en una infinidad de tonos de azul. En su interior, la tierra oscura y húmeda está cubierta a tramos por grandes charcos de agua cristalina que reflejan todo lo que los rodea como si fuesen espejos y, a tramos, esa tierra está cubierta por las hojas secas de los árboles, que nunca pierden su color. Es fácil perderse en la inmensidad de ese bosque eterno que se ha mantenido inmutable durante eones, es fácil obviar todo lo que crece en su interior siempre que no te hayas adentrado en él, pues los matorrales y arbustos se alzan por doquier sin dejar paso a sendero alguno. En su interior pequeñas florecillas violetas crecen incesantes inundando con su embriagador aroma el lúgubre ambiente de ese sombrío lugar.

Según las leyendas, en el pasado era también conocido como el Bosque Carmesí, pues todo el bosque estaba teñido de un rojo más intenso que la sangre.

El Bosque embrujado se puede caracterizar por el silencio y la oscuridad. Silencio porque ni tan siquiera las aves osan importunar con sus cantos a los espíritus condenados que vagan por sus parajes olvidados. Oscuridad porque las copas de los árboles son tan tupidas y espesas que ni tan siquiera el sol de verano logra atravesarlas con su luz. Sin embargo, durante la oscuridad impenetrable de la noche, cuando la luna plateada se encuentra alta en el cielo, todo el bosque se inunda con una espesa niebla azulada que emite luz propia, haciendo que el bosque brille con un halo fantasmal.

Pobre de aquel que se adentre en sus profundidades seducido por su sobrenatural belleza, pobre de aquel que decida ignorar la maldición y adentrarse en la oscuridad del bosque, pues se dice que está infestado por criaturas demoniacas que esperan ansiosas y hambrientas a su próxima presa. Una vez la luz del sol se esconde tras el crepúsculo, una vez que llega la Hora Más Oscura, no hay alma mortal que consiga abandonar el bosque, al menos no con vida.


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