Sonata Arctica en Dublín

31. marzo 2017 Diary 1
Sonata Arctica en Dublín

Cuando llegué a Cork me había hecho una idea de muchas cosas en la cabeza, siendo fiel a mi naturaleza de pensadora compulsiva me había convencido a mi misma de una serie de cosas que me podía esperar y otras que no.

De entre esas cosas que había decidido que no iban a suceder estaba encontrar a gente con un gusto musical similar al mío, encontrar gente a la que le guste la buena música, la música de verdad (es decir, el metal). Por lo que cuando descubrí que Sonata Arctica daba un concierto en Dublín no me molesté ni en comentarlo, total nadie iba a querer ir, pensé. Podía ir sola, o podía perdérmelo otra vez, la cuestión es que ya estaba resignada a lo que pudiese suceder.

Dicho esto os podéis imaginar cual fue mi sorpresa cuando fui consciente de que éramos seis los que habíamos comprado entradas.

Un mes pasó rápido; un mes en el que cada día estaba un poco más emocionada porque se acercaba el concierto; un mes en el que los seis nos acercamos más, nos conocimos más, nos hicimos amigos de verdad. Y de pronto era 26 de marzo y estábamos allí, en Dublín, a apenas unas horas de que empezase el ansiado concierto.

Esperando impaciente entre la multitud, sin poder contener los alocados latidos de mi corazón, que era muy consciente de que todo estaba a punto de comenzar. Las luces se apagaron y empezó a sonar la melodía que marcaba el inicio. Verde, violeta, azul. Humo en el escenario. Y allí estaban, allí ante mis ojos, tan cerca.

Verde, violeta, azul, humo en el escenario…

El concierto empezó, la música alcanzó mis oído y entró en mi cuerpo. Tony empezó a cantar con esa magnifica voz suya; con ese poder que solo él tiene de transportarte a otro lugar, de hacerte sentir bien; con esa voz digna de un ángel.

El concierto empezó y todo fue tan rápido. Me dejé llevar por la música, dejé que ella moviese mi cuerpo a su antojo. Recuerdo cantar con todas las fuerzas de las que fui capaz; recuerdo cerrar los ojos y sonreír, recuerdo cogernos de los hombros y mecernos al son de Tallulah; recuerdo mirar los rostros de la gente y ver sonrisas, sonrisas hermosas y sinceras. Recuerdo ser feliz.

      

      

Un par de horas más tarde estábamos todos gritando “vodka!” y luego el concierto terminó, muy pronto pues podría haber estado allí horas y horas. Pero esa sensación permaneció en mi, esa sensación que se convirtió en un fuerte deseo de volver a verlos pronto en directo.

Sin duda valió la pena. ¿Cómo es posible siquiera tener un directo tan perfecto? ¿Cómo es posible tocar o cantar durante horas sin cometer ni un solo error? ¿Cómo es posible hacer que cada canción suene incluso mejor que la versión de estudio?

Gracias Sonata por esta experiencia, y gracias por haberme unido a un grupo de personas tan maravillosas.


Opiniones1

  • 1
    Xelo on 31 de marzo de 2017 Responder

    Estupendo !!!!! Me han entrado ganas de escucharles después de leerte ! !!

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