La Belleza de la Melancolía

La Belleza de la Melancolía

Su mirada vacía se perdía en algún lugar lejano. Cualquiera podría haber dicho que observaba la vida a través de la ventana, cualquiera podría haber dicho que miraba nostálgica la lluvia caer. Pero la verdad es que ella miraba mucho más allá, ella miraba aquello que unos ojos normales no podían ver, miraba aquello que solo es visible para los que poseen un alma rota.

La ventana estaba abierta de par en par y la lluvia entraba en su cuatro empapándola por completo, llenando su rostro con sus frías gotas, gotas que se deslizaban por sus pálidas mejillas. Pero no era lluvia lo único que empapaba su bello rostro, lo cierto era que sus ojos lloraban incesantes en un reflejo de la tristeza que invadía su alma y un par de ríos cristalinos recorrían sus mejillas y goteaban por su barbilla.

Allí sola, sentada donde nadie podía verla e iluminada por la luz de la luna llena que se reflejaba en cada una de las gotas, tanto las de la lluvia como las de sus lágrimas, que mojaban su cuerpo, era hermosa. Era tan hermosa que dolía mirarla, pues en su belleza había algo especial, en su belleza había melancolía. Esa tristeza y ese vacío que se reflejaban en sus ojos cada vez que intentaba sonreír la hacían aun más bella, más pura, más frágil, más etérea. Todo en ella era hermoso y, sin embargo, estaba rota. Su pálida piel, su rostro melancólico, sus ojos dulces y tristes. Todo.

Incluso sus cicatrices eran hermosas. Unas eran finas, largas y blancas, estas mostraban el dolor y el sufrimiento por el que había pasado y que ya había superado. Otras eran profundas y rojas, aun sangrando, estas mostraban todo el dolor y el sufrimiento que aun habitaba en su interior. Sangrando ríos escarlata que recorrían sus finas muñecas, las curvas de sus caderas y la delicada línea de sus piernas; sangrando la tristeza y el vacío de su alma, sacándolos al exterior. Y las últimas cicatrices, las más difíciles de ver pero, a la vez, las que la hacían más hermosa, eran las cicatrices de su alma; esos profundos y letales cortes en lo más hondo de su ser que no tenían cura, que estaban allí incluso antes de que ella existiese y que permanecerían allí eones tras su muerte; esos profundos cortes que habían partido su alma en mil pedazos y la habían convertido en una criatura melancólica y hermosa.

Merecía ser salvada, pero ¿por quién? ¿Quién lo haría? ¿Quién sería capaz? ¿Quién osaría si quiera intentarlo? ¿Quién osaría romper la belleza de la melancolía que se reflejaba en todo su ser?

Merecía ser salvada, pero eso era imposible. Es posible arreglar una pierna rota, incluso se puede sanar un corazón roto, pero no hay forma de reparar un alma rota. Las almas rotas permanecen así por el resto de la eternidad. Y, a pesar del sufrimiento y el pesar que deben de soportar, son las más bellas y las más puras, pues nada, nada, es comparable a la belleza de la melancolía.



Opiniones1

  • 1
    Xelo on 04 de mayo de 2017 Responder

    Muy bonito y melancólico ciertamente … no tendrá algo q ver con el 17 de mayo ?
    😉

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