Hogar, dulce hogar

09. junio 2017 Diary 4
Hogar, dulce hogar

Tras casi 5 meses viviendo en Cork, el volver a Valencia se me ha hecho bastante extraño, Cuando salgo de mi cuarto sigo esperando cruzarme con alguno de mis compañeros de piso; cuando salgo a la calle sigo esperando ver todo ese verde paisaje y escuchar a la gente hablar en inglés; cuando entro a una tienda aun me cuesta o restaurante aun me cuesta no pedir las cosas en inglés. Lo cierto es ya que llevo aquí un tiempo y aun me siento completamente desubicada y no, no tiene nada que ver con mi pésimo sentido de la orientación.

De todas formas, el haber vuelto me ha hecho darme cuenta de los mucho que echaba en falta algunas cosas que tengo aquí y que no tenía cuando estaba en Cork.


  • Mi cuarto allí era tan diferente al de aquí… y no voy a hacer ningún comentario con respecto a la moqueta. El espacio, la luz natural, el color de las cosas y en definitiva la tranquilidad y comodidad que todo eso me transmite. Cuando estaba en Cork era perfectamente consciente de que echaba de menos mi cuarto, pero lo que no sabía era cuanto. Cuanto añoraba dormir en una cama que no me destrozara la espalda, cuanto añoraba el color lila de las paredes y, sobretodo, cuando añoraba mi gran mesa en la que puedo hacer mil cosas a la vez.

 

  • En estos 5 meses había olvidado lo diferente que sabe el té cuando lo preparas en tetera. No puedo explicar la agradable sensación cuando lo recordé al tomar mi primer té al estar de vuelta.

 

  • Y dentro de mi propia casa no podía dejar de hablar de la bañera. Normalmente la ducha es suficiente, pero un baño con sales y aceites de vez en cuando es necesario, ¡tanto que debería ser algo obligatorio!

 

  • No será porque no había cafeterías geniales en Cork, he de admitir que me fascinaba que en cualquiera de ellas pudieras encontrar una estantería llena de libros para que los clientes pudiesen leer. Sin embargo, ninguna de ellas se parecía al Café de las Horas. Es ambiente oscuro y tranquilo, la música clásica, su impresionante y única decoración y, como no, su carta de tés (tanto calientes como fríos). Este era posiblemente el lugar que más frecuentaba antes de marcharme y fue unos de los primeros sitios a los que fui al volver.

 

  • Y por último mis patines. 5 meses sin ponerme ruedas en los pies y de verdad que no me había dado cuenta de lo mucho que lo echaba de menos. Hacer ejercicio sin a penas darte cuenta, la velocidad y el viento en el pelo, si pudiera no me bajaba de ellos nunca más.

 


Opiniones4

  • 1
    Raquel on 12 de junio de 2017 Responder

    Cafeterías con libros? Yo quiero! Amor 😍😍😍

    • 2
      moonlight lady on 12 de junio de 2017 Responder

      Sí y no unos pocos, sino estanterías llenas hasta arriba.
      Ojalá aquí también fuese así <3

  • 3
    Xelo on 09 de junio de 2017 Responder

    Y el sol !!!! Q se te olvida el sol !!! Je je je
    😉

    • 4
      moonlight lady on 09 de junio de 2017 Responder

      El sol no lo echaba nada de menos!!!! 😛

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