Corazón de tinta

26. julio 2017 Art, Writing 0
Corazón de tinta

Muchos días habían pasado ya desde aquel primer momento en el que se dio cuenta de que algo en su cuerpo estaba cambiando. En todo ese tiempo se había estado esforzando por ocultarlo, pero ahora había llegado a un punto en el que ya era demasiado difícil, en el que los ojos curiosos de aquellos que lo rodeaba se posaban, inevitablemente, sobre las negras y finas líneas que surcaban su cuerpo bajo su piel.

Recordaba a la perfección el momento en el que se percató de que las venas que podía intuir bajo su clara piel habían perdido por completo ese matiz verdoso que les era característico y se habían vuelto ligeramente negras.

En ese momento no le había dado mucha importancia, pues pensó que podía deberse a algún efecto óptico causado por la pobre iluminación del sitio en el que se hallaba. Pero un par de días después reparó en que ese negro, que al principio le había parecido no más que una sombra, se había hecho mucho más intenso.

Esas líneas, que originalmente aparecieron en sus manos, se habían extendido y crecido por sus brazos y su rostro en muy poco tiempo y, finalmente, habían ocupado todo su cuerpo.

Ahora se paraba desnudo frente al espejo, observando como sus venas gruesas y abultadas resaltaban sobre su piel como ríos de obsidiana fluyendo sobre la nieve virgen.

Parecía como si algún genio perverso hubiera escuchado su más profundo deseo y lo hubiera tergiversado maquiavélicamente. Cuántas veces había deseado poder vivir en uno de tantos mundo fantásticos que había descrito, cuántas veces había deseado poder ser uno de tantos personajes que había creado. En definitiva, cuántas veces había deseado haber entrado en una de tantas historias que había escrito. Y ahora, mirándose al espejo, no podía sacarse de la cabeza de que aquello que corría por sus ennegrecidas venas no era sangre, sino tinta.

Sujetó con fuerza su pluma, aquel fiel instrumento con el que tantas historias había escrito, y sin pensarlo dos veces se la clavó profunda en la vena más gruesa que surcaba su brazo izquierdo.

Algo empezó a brotar de la profunda herida a una gran velocidad, pero lo que salía de su cuerpo no era sangre escarlata, era un fluido frío y negro que manchó todo cuanto tocó.

La tinta corría por sus venas, la tinta irrigaba todo su cuerpo.

Entonces lo comprendió, su deseo se había cumplido y su cuerpo estaba cambiando, ya no pertenecía al mundo de los humanos, sino al mundo de las palabras, pues su corazón ahora era de tinta.

 


 


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