Mi dilema en fallas

14. marzo 2018 Diary 0
Mi dilema en fallas

Se acercan las fallas, y con esto me refiero a que mañana mismo empiezan oficialmente (aunque el caos y el agobio ya se vienen sintiendo desde la semana pasada). Se acercan las fallas y, como cada año, se me plantea el mismo dilema.

Es innegable que son unas fiestas únicas y que hay que vivir al menos una vez en la vida. Los monumentos son autenticas obras de arte que a todo el mundo le gusta visitar y que duele en el alma ver arder; los vestidos son joyas preciosas que nos hacen revivir siglos pasados; y toda la ciudad respira un muy agradable ambiente festivo. Además, al menos una vez cada año hay que vivir la fuerza de una Mascletá que te haga vibrar desde dentro y el hermoso espectáculo de la Nit del Foc.

 

Mina y Drácula en una falla de hace dos años. Aun me tiene enamorada!

 

Sin embargo, no todo es bonito en fallas. El transporte público es un autentico caos, cada autobús, tranvía o metro va lleno hasta el techo y en ciertas horas es imposible cogerlos. Por desgracia la mayoría de las calles están cortadas y coger el coche se convierte en un odisea que culmina en la imposibilidad de aparcar en ningún sitio. Todo esto por no hablar de las verbenas que suenan durante toda la noche y de los falleros que a las 7 de la mañana no tienen nada mejor que hacer que pasearse por las calles tirando petardos.

Aun así hay algo mágico en las fallas. Está la expectación de no saber si ha estallado una bomba o si un tarado ha tirado un petardo demasiado fuerte en el descampado de detrás de casa. Está el indescriptible placer de poder comprar buñuelos en casi cualquier rincón de la ciudad y el sabor dulce de la venganza cuando haces ruido a las cinco de la tarde para despertar a los falleros que te dieron la noche con la verbena y la mañana con la despertá. Está la inevitable tensión de no saber si el viento de marzo será capaz de derrumbar alguna falla o de si todo aguantará en pie.

Hay tantas cosas buenas y malas en fallas que me cuesta decidir que extremo de la balanza pesa más. Pensaba que al haber pasado fuera las fallas pasadas tendía más ganas de la llegada de las de este año, pero todo ha sido igual.

Aun no tengo claro si pasar de todo y salir de fiesta como si no hubiera mañana o si quedarme en casa encerrada odiando a la humanidad. De lo que no me cabe ninguna duda es de que voy a comer mi peso en buñuelos.

Para terminar el post os dejo el vídeo que grabé en fallas unos años atrás, quizás este año me anime y grabe otro.

 

 


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