Cuando el invierno no parece invierno

Cuando el invierno no parece invierno

A veces el invierno no se siente como tal, esos días hay que aprovechar el buen tiempo y salir al monte. En nuestro caso no fue así, la fecha ya estaba pactada y tuvimos la increíble suerte de que nos salió un día estupendo.

 

 

Unos días antes de Navidad tuvimos una reunión familiar con los hermanos de mi padre en el pueblo en el que veraneaban de pequeños. Un viaje lleno de historietas y recuerdos –algo distorsionados– de su infancia.

Nada más llegar tuvimos que parar en un horno para comprar algo de comer. Al parecer, una vez más, no había desayunado suficiente y me moría de hambre.

Ya con el estómago lleno empezamos la marcha hacia la Cueva de las Palomas. El paisaje precioso y el clima casi veraniego hizo que algunos fueran en manga corta y que yo fuera maldiciendo el sol cada cinco pasos.

¡Menos mal que tuve la brillante idea de embadurnarme en protector solar antes de salir!

 

 

El paisaje es espectacular y el camino muy cómodo. Además, como este otoño ha llovido bastante, la cueva estaba llena de agua que caía en cascada por la montaña. Hubo quien puso los pies a remojo, pero a mí con meter la mano en el agua me bastó.

 

 

Después de comer llegó mi parte favorita. Nos acercamos a una cantera natural a buscar pequeños prismas de cuarzo rojo. El cuarzo rojo es el tipo de cuarzo más raro y difícil de encontrar y, curiosamente, también es el mineral más interesante que podemos encontrar en España.

En el camino de vuelta yo estaba agotada, tanto que creo que me quedé dormida en el coche.

¡Brindo por más días así!


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