El Rey de los Caídos – Capítulo 0

17. marzo 2020 Novela 0
El Rey de los Caídos – Capítulo 0

Después de pensar en cómo podía contribuir a haceros algo más llevadera esta cuarentena he decidido que voy a compartir con vosotros mi primera novela El Rey de los Caídos. Una historia oscura con tintes góticos y una fuerte dosis de fantasía.

Es una historia para jóvenes adultos protagonizada por una chica que se mueve entre ángeles y demonios. Un romance prohibido y peligroso ocupa el lugar principal, pero la incipiente guerra que hay de fondo lo empaña todo. La paz entre las fuerzas del bien y del mal es frágil, pero a veces es difícil establecer quién es el verdadero enemigo.

Es una historia que acabé de escribir cuando tenía 18 años, por lo que pienso aprovechar esta oportunidad para darle el repaso que se merece y reescribirla por completo. Cada dos o tres días subiré un capítulo nuevo y para ello he habilitado en el menú de a cabecera del blog un apartado que se llama Novela y en él podréis encontrar todos los capítulos.

Espero que os guste!

 


El Rey de los Caídos

Capítulo 0

 

Al abrir los ojos descubrí que nada había sido un sueño, que seguía atrapada en aquella oscura y descomunal mansión que al principio se me había antojado de ensueño y que ahora me parecía sacada de la más aterradora pesadilla. Estaba tumbada en una gran cama mullida, rodeada por un sin fin de almohadas blancas de todos los tamaños. Unas gruesas sábanas me arropaban y en sus límites se fundían con las cortinas aterciopeladas que rodeaban mi lecho, pues compartían con ellas un característico color púrpura.

La tenue luz de un amanecer nublado, que se colaba por una pequeña rendija que se había formado entre las cortinas que ocultaban el gran ventanal, me había despertado al incidir sobre mi rostro. Permanecí quieta un buen rato con la mirada fija en el techo de la estancia. En mi interior el deseo de huir luchaba por arrancarme algún movimiento, pero mi deplorable estado físico reducía a cenizas mi fuerza de voluntad. A penas podía incorporarme en la cama, ¿cómo iba a conseguir escapar?

Hice acopio de las pocas energías que había conseguido reponer tras una larga noche de sueño, me levanté y caminé arrastrando los pies hasta el gran espejo que ocupaba la pared que había frente a la cama. Observé mi reflejo, consciente de cómo la sombra de la muerte se reflejaba en mi rostro. No iba a poder aguantar mucho más. Mis hondas ojeras, mis mejillas hundidas y mi enfermiza y escuálida figura contrastaban fuertemente con el vientre abultado. Aquella criatura que crecía en mis entrañas era la semilla del mal,  era una abominación que crecía cual parasito alimentándose de mi energía y drenándome la vida, una abominación que iba a consumir cuanto quedaba de mí. Desnuda frente al espejo vi con espanto las venas azuladas que pasaban bajo mi piel, incluso me parecía intuir la forma de las alas negras del pequeño demonio que crecía en mi interior.

Suspiré profundamente sin saber que hacer, siendo consciente de que ya no había vuelta atrás. Todo lo que me había sucedido era causa de mis propios actos y ya no me quedaba más que esperar al trágico desenlace. 

Un fuerte mareo me golpeó el cerebro, tuve que apoyarme en la pared pues sentía que estaba a punto de perder el conocimiento. Sentada en el suelo esperé paciente a que el malestar cesase, a que la visión volviera a mis cansados ojos y entonces me levanté de nuevo. 

Pude notar como un líquido caliente y viscoso goteaba de mi nariz, como mi garganta se llenaba con el desagradable sabor de la sangre y, asustada, me llevé la mano a la cara mientras volvía a plantarme frente al espejo. Gruesas gotas de sangre goteaban sin cesar de mi nariz, derramándose por mi rostro y mi cuerpo, finalmente estrellándose contra el suelo donde pronto formaron un charco carmesí. Estaba sangrando sin cesar, no solo por la nariz sino también por los oídos. No tuve tiempo de asustarme ya que el dolor más insoportable e intenso que jamás había sentido me dobló por la mitad apoderándose por completo de mi frágil cuerpo, caí al suelo luchando desesperadamente por seguir respirando. Encogida y patética frente al espejo, sin poder siquiera gritar a causa del dolor, vi como la criatura se iba moviendo en mi vientre. Pude sentir como me desgarraba por dentro, como poco a poco iba buscando su caminó al exterior, pude sentir como robaba los últimos remanentes que me quedaban de vida y como me arrancaba cada pedazo del alma. 

Finalmente todo se volvió negro. El dolor cesó, mi larga agonía había terminado.


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